Bolas calientes
Una visita del Celta a Palma se convirtió en el partido más caliente de la historia de Son Moix.
Por mucho que a veces se nos vaya de las manos, lo mejor del fútbol es el pique. La rivalidad, las rencillas que mantienen la llama encendida. La tribalidad. El belicismo. Alguna vez leí algo así como que el fútbol ha logrado que en Europa perdurara la paz porque precisamente se trata de una guerra sin pistolas.
Nuestra condición insular, unida a la falta de rivales autóctonos a la altura nos ha privado de derbis. Los años del Poblense quedan muy lejos, y el del ATB fue un enfrentamiento fugaz, toda vez que salimos del fútbol profesional al primer intento. Por ello, y para matar el gusanillo, hemos tenido que conformarnos con rivalidades puntuales y espontáneas fruto de la pura competición. Una de ellas ocurrió a principios de siglo con el Celta como rival.
Al contrario que ocurre ahora, a finales del siglo pasado y principios del actual lo común era que cualquier equipo de la liga española disfrutase de futbolistas de primer nivel. La nuestra era la liga de las estrellas y, sin ir más lejos, en el Celta podíamos encontrar a jugadores como Mostovoi, Karpin, Makelele, Penev o Gustavo López. Mientras que en nuestras filas, no hace falta recordarlo, tuvimos a tipos como Stankovic, Ibagaza, Roa o Eto’o. Eso hacía que cualquier encuentro pudiese devenir en espectacular.
Fruto de esa calidad y competitividad ambos equipos tuvieron vivieron partidos de alto voltaje. En la temporada 2000/2001 en un encuentro en Balaídos al Mallorca le anularon tres goles, además de ver expulsado a Armando por protestas, en un encuentro loco que acabó empatando Olaizola en el descuento con el que sería el único gol en toda su carrera.
De ahí salieron bastante enfadados tanto Luis Aragonés" (“No ganamos por el árbitro, jugamos mejor e hicimos tres goles más”) como los jugadores. “Lo que pasó en Vigo no me ha pasado en toda mi carrera”, dijo Stankovic. Mientras que Luque expresó: “He visto arbitrajes malos, pero como el del sábado, ninguno”.
El caso es que mallorquinistas y vigueses se vieron emparejados en unos cuartos de final de la Copa del Rey de esa misma temporada que guardaban cierto aroma a revancha por lo sucedido en liga. La ida se jugaría en Vigo, y el partido seguiría una línea similar al partido de ida. Es decir, con un Celta capitaneado por Valery Karpin que trataba constantemente de sacar de quicio a los bermellones y con errores arbitrales flagrantes que macharacarían al Mallorca. Mención especial a la jugada del segundo gol vigués, marcado gracias a un penalti que López Nieto pitó sin haber visto porque la jugada le pilló de espaldas.
¿Os habéis dado cuenta? Un error técnico flagrante.
El partido acabó con derrota por 3-1 para el Mallorca, expulsión de Marcos y tangana envuelta de reproches. Nadal -seguramente el central menos conflictivo de la historia- encarándose con rivales, todos los del Mallorca persiguiendo a Karpin, Finidi haciendo cortes de mangas a la grada, Eto’o prometiendo hacer dos goles mientras Leo Franco se lo llevaba de allí. Un caldo de cultivo que haría de Son Moix una caldera para el partido de vuelta.
¿Has oído alguna vez aquello de encima de cornudo, apaleado? Pues algo así le ocurrió al Mallorca, que no tuvo bastante con perder el partido que tuvo que soportar que una docena de ultras vigueses fuesen al aeropuerto a encararse y lanzar insultos racistas a Eto’o y Finidi. Aragonés casi llega a las manos con ellos: "En el campo aguanto lo que sea, pero dos horas después, no".
Durante los días que transcurrieron entre la ida y la vuelta Luis Aragonés se encargó de mantener viva la llama de la revancha. En declaraciones a Última Hora Radio se confesaba “caliente y muy jodido” por lo ocurrido en Vigo. “Lo de los árbitros es preocupante. Siempre se equivocan en nuestra contra. Muy pocas veces hablo de ellos, pero ya está bien", razonaba. "La actitud de López Nieto en Vigo me hace dudar mucho. Nos machacó y siento impotencia. Vamos a hacer algo. A partir de ahora lo miraremos todo con lupa”. “Karpin hizo lo que le dio la gana: tuvo impunidad. Si eliminamos al Celta será el alegrón de mi vida”, añadió ‘El Sabio’.
Cuando llegó el día partido Son Moix se vistió de gala como nunca antes lo había hecho. El público bermellón, a menudo frío y distante, llenó y transformó el gigante de Camí dels Reis en una caldera que clamaba ‘vendetta’. Docenas de pancartas, sábanas, cartulinas y demás engalanaban las gradas con mensajes animando a los suyos y acordándose de los contrarios.
Sobra decir que Karpin era, por supuesto, el rival con mayor protagonismo en las dedicatorias.
Tras el perjuicio arbitral de los dos partidos anteriores -recapitulemos: tres goles anulados, dos expulsiones, un penalti en contra y manga ancha con las provocaciones rivales- todas las miradas estaban puestas en el colegiado del encuentro, que no era otro que Iturralde González. Y ocurre que el carácter del vasco no favoreció a calmar las aguas y a los cinco minutos ya habían visto amarilla Finidi y Engonga. En el minuto seis el público ya cantaba el “árbitro qué malo eres”. De hecho, -SPOILER- el Mallorca acabaría con dos jugadores expulsados.
Tras una primera parte bronca, caliente y disputada, cuando ambos equipos se preparaban para ir a vestuarios, llegaron las buenas noticias. Miguel Ángel Nadal, siempre imperial en ambas áreas, se imponía por arriba para marcar el primer gol del partido. Al Mallorca ya solo le hacía falta otro y tenía toda la segunda parte por delante.
Las estadísticas al descanso hablaban a las claras de la animosidad con la que el Mallorca había entrado en el partido. Nada menos que diecinueve faltas y cinco tarjetas -por diez y ninguna por parte del Celta- en 45 minutos de juego. Unas revoluciones las que Iturralde no permitiría seguir compitiendo mucho más.
Como ya habíamos advertido, Iturralde era de gatillo fácil y en el minuto 65 tuvo a bien enseñarle a Olaizola la segunda tarjeta y dejar al Mallorca con un futbolista menos. Obviamente, el vasco no se marchó nada contento del partido.
Para poner las cosas aún más difíciles, en el minuto 73 Catanha ponía el empate en el marcador adelantándose a Siviero para rematar un gran centro de Gustavo López. Ahora el Mallorca necesitaba dos tantos para igualar la eliminatoria y tendría que buscarlos con un futbolista menos.
El Mallorca seguiría intentándolo y a punto estaría de la machada, pero el mazazo vino con la expulsión de su mejor estilete: a nueve minutos del final, Eto’o, seguramente lleno de frustración, se pasaba de frenada con un entradón a Edu que le mandaba directamente al vestuario. Se fue sin protestar, su cara ya denotaba que era consciente de su error.
A esas alturas al conjunto bermellón le quedaba ya poco más que la fe. Y de ella tiró para, apenas un minuto después de la expulsión de Eto’o, sacar un penalti casi de la nada y apretar la eliminatoria. Engonga, amonestado casi desde el inicio del partido, sería el encargado de transformarlo.
Cabalgando la épica, el Mallorca no dejaría de llevar balones al área rival a trancas y barrancas mientras un Celta muerto de miedo se dedicaba a achicar balones y tratar de cazar alguna contra. Sea como fuere, los de Aragonés no conseguirían ese tercer gol y la eliminatoria se la llevaba un Celta luego eliminaría al Barça para meterse en la final y palmar con el Zaragoza.
Por su parte, el Mallorca se repondría del mazazo copero para hacer un final de temporada impresionante y meterse en la Champions League en una de las mejores temporadas de su historia.
¿Y Karpin? Bueno, digamos que en aquel partido en Son Moix pasó bastante desapercibido. Tanto es así que Víctor Fernández le cambiaría al principio de la segunda parte. Tras esa temporada jugaría una más en el Celta y tres en la Real Sociedad para colgar las botas con treinta y cinco años. Entonces inició una carrera de entrenador que, curiosidades del destino, le llevaría de nuevo a Son Moix, pero esta vez como local.











que karpin acabará siendo entrenador del mallorca es una de las mayores calamidades que han sucedido en este club