Cúper tenía razón
El tiempo y el fútbol pone a cada uno en su lugar.
Si creciste en los años ‘90 sabrás que la liga italiana fue the place to be para las estrellas del fútbol y que no había ningún gran talento que es escapara a sus redes. Cuando la era Premier no había hecho más que empezar y La Liga aún no había dado el pelotazo televisivo el Calcio era el que movía la panoja.
Y claro, no solo jugadores fichaban los equipos, si no que también se llevaban a los mejores entrenadores. En esa élite se encontraba Héctor Cúper después de dos años históricos en el Mallorca que le convirtieron en leyenda y otros dos semejantes en el Valencia.
En tal contexto le fichó el Inter de Milán. Bajo sus órdenes trabajarían -nunca un verbo fue tan apropiado- futbolistas como Vieri, Seedorf, Zanetti, Recoba, Córdoba… y Ronaldo. Un Ronaldo que parecía haber superado sus lesiones de rodilla y volvía a ser un delantero temible. La auténtica estrella del Inter.
Al brasileño, ya le conocemos, aquello de trabajar duro nunca le agradó. Es por ello que el libro de estilo del entrenador de Chabás se le atragantaba un poco. Tanto que, hasta su salida del club, se encargó de generar incendios públicos continuadamente a fin de forzar la salida de uno de los dos.
"Yo se que con Cúper -subraya- ha estado en peligro mi carrera, o casi. He tenido lesiones musculares cuatro o cinco veces, cosas serias, no problemillas, mientras que en el Mundial se ha demostrado que trabajando bien puedo no tener problemas".
El caso es que Ronaldo odiaba a Cúper y ni entonces ni después dudaba en señalarlo. “El peor entrenador que tuve”, proclamaba y sigue proclamando Ronaldo.
Aunque Cúper tardó muchos años en contar su verdad sobre esa relación -spoiler: todo fue un motivo de peso-, de aquel conflicto salió claramente perdiendo. Su carrera entró en franco declive, el cambio de tiempo y de estilo en el fútbol le fueron dejando como un entrenador de método caduco y completó su currículum con (s)elecciones de lo más exóticas.
Por su parte, Ronaldo en el Real Madrid mantuvo su estatus de estrella mundial y delantero formidable, aunque su palmarés no engrosaría demasiado. Sin embargo, pasaron los años a ‘O fenómeno’ se le acabó el fútbol y llegó un día en el que le dio por dirigir clubes de fútbol. No desde el banquillo como lo hacía Cúper, si no desde el accionariado, conviertiendose en dueño del Real Valladolid.
El pasado sábado jugó su Pucela contra el Mallorca siendo ya un equipo descendido. Uno de los peores colistas de la historia de la liga. Un muerto viviente que el año que viene tendrá que volver a darse de tortas en el infierno del fútbol profesional. En Son Moix, como en todos los campos a los que han peregrinado pucelanos se observaron pancartas y billetes con el “Ronaldo go home” que implora la afición blanquivioleta.
Me gusta pensar que entre lechazo y lechazo, entre copa y copa, y con dos descensos a Segunda División a sus anchas espaldas, Ronaldo piensa que quizás Cúper tenía razón. Que una cosa es pisar el verde, meter goles y ser figura, pero otra muy diferente es ganar partidos, gestionar grupos, soportar la presión del cargo y tomar decisiones impopulares. De hecho, quizás le hubiese ido mejor en esta aventura de haber podido contar con un entrenador como el argentino.
Y es que al final el tiempo y el fútbol pone a cada uno en su lugar.





